Recuerdo que en mi ultimo viaje a Italia, solía recorrer las frías calles de una Florencia invernal, armado tan solo la ilusión de poder encontrar interesantes “saldi” (saldos, promociones, descuentos, liquidaciones) para amortiguar los gastos que suelen derivarse del cumplimento de la obligatoria lista de regalos que forma parte de todo viaje al exterior.No me considero un fanático de la ropa en absoluto, pero vale recordar que los italianos tienen un excelente gusto a la hora de vestir; disponen además, de unas prendas realmente fascinantes, como lo son sus precios, sumamente módicos (casi irrisorios, en tiempos de liquidaciones).
Pues bien, les aseguro que el problema de la compra indiscriminada de “no originales” no corresponde a una característica propia del turista latino: todo el mundo se siente sumamente atraído por la venta callejera.
¿Como combatir a semejante “mercado paralelo”? De alguna manera, los italianos se las rebuscan, e implementan el uso de señalizaciones en los lugares de mayor movimiento, donde se recuerda a los turistas que la compra de los “fakes” (truchos, en argentino) es ilegal y que, por cometer dicha infracción, te podes llevar a tu casa una hermosa boleta, correspondiente a una multa de significativo valor, que debes abonar antes de retirarte del país, y que podes conservar como el souvenir mas representativo de tu turbulento viaje por tierras mediterráneas.
Así es como el “Made in Italy” se hace respetar. Aunque a veces no sean suficientes los carteles y las multas.
Es casi pintoresco, ver como estos vendedores intentan escapar de la ley, inventándose ingeniosos recursos para salir airosos de dichas persecuciones.
Por ejemplo, suelen poner toda la mercancía que venden arriba de una sabana, mantel, o cualquier tipo de paño grande: cuando escuchan que la policía se acerca, solo basta con tomar las puntas de dicho material, unirlas, y el mismo automáticamente se transforma en una mochila de fácil transporte.
También suelen trabajar en conjunto: disponen de una persona que recorre la zona para informar sobre la posible presencia de efectivo policial en el lugar.
Como sea, mas allá de lo que estas personas puedan o no intentar hacer (y volviendo al tema de los mencionados “saldi”, de alguna manera), somos nosotros, los turistas, quienes finalmente debemos decir si comprar o no aquello que nos ofrecen en la calle y que decididamente sabemos que no es original.
Yo sin duda recomiendo comprar el verdadero “Hecho en Italia”, porque siempre es más lindo poder tener algo que es realmente italiano y que resume un poco el espíritu del viaje en el que nos embarcamos.
Algunos podrán poner en jaque esta idea, alegando que muchas casas italianas mandan a finalizar sus prendas a países orientales donde la mano de obra externa abarata pronunciadamente los costos…
La discusión esta servida.
Marco Rossi






